1. Las mujeres tenemos que ser valientes a pulso (y no solo por ser madres)

Las mujeres no somos más fuertes solamente por albergar y traer vida a este mundo. Nos hemos tenido que hacer fuertes a base de luchar constantemente contra los elementos que nos oprimen (y no es el heteropatriarcado falocentrista que domina la sociedad). Aina Clotet ha sido especialmente valiente al denunciar públicamente una situación de discriminación muy desagradable y asociada directamente a su condición de mujer. Se ha expuesto públicamente, a raíz de declaraciones que consideraba desafortunadas, y eso puede tener consecuencias de muchos tipos en su carrera profesional. Por eso, #TodasFuimosSomosSeremosAina. Porque a cualquier mujer en muchos ámbitos, le ha ocurrido, le ocurre y le puede volver a ocurrir lo mismo.

2. Las mujeres, entre nosotras, somos especialmente duras 

Esta afirmación algunas la califican como mito. Pero lo cierto es que en este caso concreto, una mujer que se autodefine como feminista, Leticia Dolera, ha sido la que ha expulsado a otra mujer, Aina Clotet, sin, por lo que parece, poner facilidades para que la actriz pudiese desempeñar el trabajo en un proyecto televisivo para Movistar +, definido como “feminista”. Si esto no es un mujer contra mujer, no sabría cómo definirlo. Me pregunto que pasaría si esto lo hubiese hecho un director, pongamos que hablo de José Luis Garci o Álex de la Iglesia, ¿cómo juzgaríamos de dura esa situación? Esto no es una cuestión del sexo del que echa, sino de la persona a la que echan, una mujer, a la que convierten automáticamente en víctima de una injusticia por cuestión de sexo. Y parece que la sororidad sobre la que tanto evangeliza Dolera, en este caso no aplica.

3. El feminismo hace mucho tiempo que abandonó a las embarazadas y a las madres

 Su reivindicación histórica siempre ha sido el aborto y el “nosotras parimos, nosotras decidimos” pero desde un punto de vista no tanto de parir como el de decidir sobre la vida del otro, el bebé. Nunca han planteado medidas efectivas para favorecer la maternidad y evitar las discriminaciones aparejadas a este estado. Su único discurso (y solución) siempre ha sido el aborto como medida agresiva (económica y rápida). Plegarse sin pudor a las presiones de quienes se enriquecen y promueven esta práctica, nos ha dejado indefensas y desprotegidas entre nosotras y ante la sociedad ante una situación eminentemente femenina. Porque es más fácil, económico y vistoso abogar por soluciones simplonas. Porque mientras nos dan el aborto o la píldora gratis, no hay que crear redes asistenciales a la mujer embarazada, ni beneficios fiscales para las familias que tengan hijos, ni a las empresas que tengan en sus plantillas mujeres contratadas en igualdad de condiciones… En definitiva, el aborto sale barato a los políticos, sindicatos, empresarios y actores sociales en general.

4. Igual que no hay un único camino para ser mujer, no hay un único feminismo

Muchas activistas (o vividoras) del feminismo nos han vendido la moto de que el feminismo es igualdad y que no hay disidencia posible del discurso militante. Sin embargo, lo ocurrido con Aina Clotet revela una situación que jamás le pasará a un hombre y es que le puedan echar del trabajo por “estar embarazado”. Esto recoloca el discurso feminista en una dimensión diferente y es que para ser iguales tenemos que comprender, asumir, convivir y visibilizar situaciones desiguales. Es decir, una igualdad real a partir de la diferencia (y benditas diferencias, con perdón señores).

“Tengo la sensación de que estamos viviendo una nueva ola de feminismo y es el momento de no tener miedo y de ser pesadas” (Declaraciones de Leticia Dolera en una entrevista al diario Público).

5. La agitación para la acción es lo único valioso

Leticia Dolera fue definida como “la agitadora de conciencias en nuestro cine”. Y hoy más que nunca esta definición cobra sentido pleno. Su acción (u omisión) ha vuelto a poner en la palestra una realidad que muchas mujeres padecen, y es que el embarazo es un tema tabú en el mercado laboral. Si algo bueno podemos sacar de esta polémica es que nos ha agitado la conciencia provocando esta situación. ¿Hasta cuándo vamos a penalizar a las madres? ¿Hasta cuándo vamos a consentir ser “empleadas de segunda” por el riesgo de poder cogernos un permiso de maternidad? ¿Hasta cuándo?

6. Los problemas que afectan a las mujeres son multifactoriales, por eso no hay una única solución

 Porque un embarazo no es un constructo cultural o social, sino que es un hecho netamente biológico. Y en algún punto hemos decidido que lo biológico es un peso y no una realidad que hay que cuidar, fomentar y proteger. En esta esquizofrenia colectiva en la que vivimos, hemos asumido que un embarazo cuando somos jóvenes y biológicamente estamos preparadas para ello, es un problema. Y como tal, hay que erradicarlo. Pero cuando somos “mayores” desde el punto de vista biológico, incluso menopaúsicas, es una vía de realización personal. Y por tanto, hay que conseguirlo. Sin embargo, los problemas asociados al embarazo son los mismos con 18, 30 o 45, a saber, la discriminación laboral, marginación social, problemas económicos y, muchas veces, la soledad.

7. Ser empresario y contratar mujeres es un problema (y los gobiernos y los sindicatos miran para otro lado)

Es curioso como Leticia Dolera ha discriminado a una actriz por estar embarazada. La intrahistoria es, por un lado, que la póliza del seguro para embarazadas por riesgos en el rodaje es muy alta. Pero la realidad es que para los empresarios/as en general también es muy caro. Existen tres tipos de permisos/bajas: (1) la baja anterior al parto, que es una baja por enfermedad común donde es la figura del empresario quién asume el sueldo y las cotizaciones. (2) el permiso maternal de 16 semanas (prefiero llamarlo permiso que baja porque tener un hijo NO es una enfermedad), donde la Seguridad Social pagará el sueldo pero el empresario pagará las cotizaciones; (3) el periodo de lactancia que es un permiso retribuido como las vacaciones o la luna de miel, y también la asume el empresario. Por todo ello, hasta que no presionemos a los Gobiernos y sindicatos para que hagan una apuesta efectiva por la natalidad y la presencia de la mujer en el mercado laboral sin perjuicios añadidos para el que nos da el empleo, estaremos en clara desventaja. Por otro lado, Dolera afirmó que una embarazada de 5 o 6 mese no podía interpretar el papel de una mujer “que redescubre su sexualidad y tiene muchas escenas de sexo”. ¿Podríamos decir que decisiones empresariales (editoriales o creativas) justifican un despido de estas características? (Ahí lo dejo. Para la reflexión personal de cada uno)

8. Promover medidas en un sentido, no hace que otros problemas desaparezcan

 Me ha parecido especialmente preocupante que el coguionista de Leticia Dolera en esta producción, Manuel Burque, intente justificar el despido de Clotet porque “Más de la mitad de las jefas de equipo son mujeres”. Parafraseando a Leticia, aquí no queremos poner el foco sobre una persona concreta, sino con cultura empresarial que asume que tener mujeres para llenar cupos, cuotas o dar una imagen feminista, invisibiliza los verdaderos problemas como los techos de cristal o la discriminación por ser mujer y estar embarazada.

“En nuestro imaginario colectivo, la culpa es de Eva y Eva somos todas las mujeres” (Frase del libro feminista “Morder la manzana” de Leticia Dolera).

9. Leticia Dolera ha participado del sistema que tanto critica

 Si Aina Clotet ya no hace el papel es porque es mujer. Porque solo las mujeres nos podemos quedar embarazadas naturalmente. Y eso en sí mismo, ya es una fuente de discriminación. Como ella misma recoge en su libro, para el imaginario colectivo, “la culpa es de Eva y Eva somos todas las mujeres”. Pues efectivamente, cuando a una mujer se le discrimina por estar embarazada, se está creando una situación de marginación para todas. Que haya sido Dolera la que haya tomado esa decisión, pone de manifiesto que ella también se ha visto perjudicada por un embarazo (aunque no sea el suyo). Y en una persona que nos ha dado lecciones sobre cómo se debe ser verdaderamente mujer y feminista en el siglo XXI, tiene poca excusa.


Escribo estas líneas teniendo la inmensa suerte de desarrollar mi carrera profesional en diferentes ámbitos simultáneamente, con una hija ya y embarazada de 30 semanas de la segunda.

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