«Ésta sí es carne de mi carne»

Me encanta Miguel Delibes cuando dice de Ana, que “con su sola presencia aligeraba la pesadumbre de vivir”. En Ana describe la semblanza de su mujer, Ángeles de Castro, en Señora de rojo sobre fondo gris. Me recuerda a la exclamación de admiración de Adán al ver a Eva, “ésta sí es carne de mi carne”, y Eva le sacó a Adán de la pesadumbre de estar solo.

No digamos, el escritor Sergio Ramírez cuando al recibir el Premio Cervantes 2018 dedica a su mujer el gran elogio de “inventora, “ella inventó las horas para escribirla; así como, mejor novelista que yo, ha inventado mi vida”. Hay algo del Jardín del Edén en esta admiración, ellos fueron uno, escriben su vida juntos, y mejor que uno solo, se acompañan y se ayudan. Ahí está presente una promesa de la creación, que imprime un orden, y por tanto una paz serena y paciente, aunque haga falta tiempo.

Sin compromiso no puede darse el amor pleno

La confianza en el compromiso para siempre para tener una vida plena es premisa previa del amor real, aunque sean necesarios los años, perseverando en el –yo te quiero aún más, aunque no te des cuenta aún-, quizás alguna vez consigamos extraer con sacacorchos una frase de admiración como la que dice Antonio López de María Moreno, “es la luz que me ha guiado en el arte y la vida”, aunque para esto, fueron necesarios 50 años de matrimonio, claramente algunos aún no hemos llegado a la mitad del camino para esta meta.

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Se puede, muchos lo han logrado y han vivido felices

Son ejemplos notorios, actuales, de sentimientos profundos y entrega generosa, constantes vitales de matrimonios de larga duración.

Artistas, pero sencillos de corazón. No son estrellas del espectáculo que calculan su cuota. Sólo quien no se engríe, quien considera su propia debilidad, es capaz de ver las cualidades del otro que le enriquecen, y es entonces cuando uno valora al otro como un regalo, un tesoro que cuidar.

Las dificultades, las enfermedades, las frustraciones, la fragilidad en definitiva, asumida y digerida poco a poco a lo largo del tiempo viene muy bien para llegar a esto. El reto es ése, superar la fragilidad en el otro, con el otro, y quererla.

El dominio, el pulso, el recurso cicatero que calcula los tiempos, los protagonismos, los éxitos repartidos por igual, no ayudan. Todos tenemos algo de esto. El truco está en no atascarse, seguir, superar, confirmar al otro, apoyarse y así la vida misma.

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Mi felicidad es hacerle feliz

Lo mejor para mi compañero”, eso sí funciona. Y así, poco a poco, día tras día, cediendo unos, sin ceder otros, la fuerza y la debilidad se alternan, unos días más felices, otros días más grises, pero en su conjunto va tomando cuerpo, forma, belleza, genio y figura.

María Moreno, ¿pintora en la sombra?… “No, ella ha tomado siempre las decisiones que ha querido y la relación con su arte le ha hecho muy feliz”. No es una pintora oculta, ni menor, ni secuestrada. “Ha tenido una vida plena, fantástica y maravillosa«; pero si relegó la pintura fue por algo más valioso, su familia.

Y es que así son, gente NORMAL. Ellos sí que valen, los de siempre, los reales, los de todos los días. Y es que, éste es, al fin y al cabo, el homenaje necesario a la mujer y al hombre real… Cada uno a su manera, hablan sin gritar, se ponen en marcha por los suyos y los otros, sin pulsos, ni gritos, ni farsas, ni ambiciones inútiles.

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Un proyecto común que no acaba nunca

Ellos, juntos, no protagonizan novelas de película, son aún mejores. Sencillos y pacientes ahí están. Comparten su vida, dan la vida, cuidan la vida, y eso se nota. Es un proyecto común que no acaba nunca.

¿Son una especie en extinción? Mis padres, mi marido, mis compañeros de trabajo, mis amigos, mis tíos… los tuyos también. Todos aquellos que sostienen nuestra vida ordinaria con paz, y nos enseñan a convivir generación tras generación sin dramas. Son fieles,  pacientes, y perseveran.

En definitiva, hombres y mujeres, con sus limitaciones y defectos, que saben cuidarse y perdonarse. Así viven pequeñas y grandes historias, siempre importantes, dejan rastro, facilitan a otros el camino; y construyen un MUNDO, el que vale la pena.

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