PODEMOS Segundo Llorente A  - PODEMOS

 El arte de vencer
se aprende en las derrotas.
-Simón Bolívar-

 El misionero jesuita Segundo Llorente (1906-1988), estuvo misionando 40 años en Alaska con temperaturas, a veces, de hasta 52 grados bajo cero. Su vida es una historia de reciedumbre y vocación apostólica. Fue muy amigo de Abelardo de Armas, cofundador de los Cruzados de Santa María, con el que mantuvo una profunda amistad sostenida, entre otras cosas, por una asidua correspondencia.
En una carta fechada el 3 de diciembre de 1983, le habla acerca de la importancia de las minorías selectas:

Lenin empezó con un grupo pequeño, pero comprometido. Hitler pulverizó las defensas de Francia con un grupo relativamente pequeño de soldados adiestrados y juramentados a entrar en Francia. La Iglesia empezó con doce. El Nuevo Mundo empezó por causa de tres naves pequeñas que danzaban en las olas como cáscaras de nuez. El águila real, el cisne y el cóndor empiezan por un huevo. Todo tiende a crecer si hay vida y vitalidad, visión clara y esfuerzo y tenacidad, y, sobre todo, fe.

El Niño Jesús del pesebre se convirtió en el redentor en el calvario, y, luego, en el juez de vivos y muertos al fin del mundo. Que cada uno de vosotros se apropie el lema de los dos hijos del trueno: ¡Podemos!

Todo lo grande es un cúmulo de cosas pequeñas. Por supuesto que sí. El que es fiel en lo poco, también en lo mucho es fiel (Lc 16,10).
Las minorías comprometidas son importantes, cuentan y valen si las mueve el amor; el espléndido amor de saber estar en los detalles, en los gestos.
Uno de los vínculos que más nos acercan a los demás dándonos infinita satisfacción, y que quedan en el ámbito de «lo pequeño» o «lo breve», son los gestos: una sonrisa, esa mirada cálida que genera confianza, la mano rozando el brazo de la otra persona y todo lo que le haga sentir que estamos cerca; que nos comprendemos con la mirada, y nos entendemos con esas palabras que se entienden sin pronunciarlas.

Decía Miguel de Unamuno que la opinión de toda una multitud es siempre más creíble que la de una minoría, pero no por más creíbles es más verdadera; por eso, ante los enormes desafíos que, continuamente, nos lanza la vida, y sabiéndonos en minoría, emprendamos decididos la lucha por la regeneración social, y digamos con convicción y firmeza ─sin la carga política que hoy tiene esta palabra, pero con la convicción evangélica de los hijos del trueno─: ¡Podemos!

 

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