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En nuestras bocas, las sonrisas
 fueron mensajes de esperanza.
-Alfonso Orantes-.

           La poetisa y periodista estadounidense Ella Wheeler Wilcox (1850-1919) escribió:

Es bastante fácil ser agradable
cuando la vida fluye como una canción;
pero quien merece la pena es aquel que sonríe
cuando todo se vuelve confusión.

Cuando aprendemos a sonreír ante las adversidades de la vida, nos costará menos esfuerzo superar nuestros problemas. Vivir la vida con una sonrisa nos capacita para ver la alegría de la vida, sin importar qué esté ocurriendo alrededor de nosotros. Con una simple sonrisa podemos propagar la alegría.

El hábito de la sonrisa se adquiere tratando de pensar siempre en positivo, no permitiendo la entrada a nuestra mente del derrotismo y actitudes deprimentes o desesperanzadoras. Que el pasado negativo o la inquietud y el desasosiego por el futuro no nos impidan vivir el presente en paz y armonía con nosotros mismos.

La mayoría de nosotros tendemos a sentirnos atraídos por quienes miran la vida de forma positiva. El optimista tiene razones para sonreír, y la sonrisa revela su fe en la vida.
El pesimista, en cambio, piensa que no tiene razones para sonreír y vive su vida sin sonrisas, sin fe, sin felicidad, sin atractivos, sin amigos, porque, lógicamente, con su actitud deprimente, espanta a los que le rodean.

Se conoce muy fácilmente a un pesimista: ha perdido la capacidad de sonreír ante las adversidades de la vida. Inconscientemente ha optado por ignorar las múltiples bendiciones que le vida le ha otorgado. Es un ciego incapaz de ver la luz por mucho que esta brille.

Hay tres sencillas palabras, que parecen tener propiedades casi mágicas, para ayudarnos a desarrollar una actitud positiva ante la vida: Siéntete supremamente feliz.
Es un esfuerzo de autoconvencimiento, que merece la pena realizar hasta conseguir que esta disposición sea una actitud habitual, independientemente de las apariencias externas. Y practicando esta disposición, comprobaremos que la verdadera felicidad no está en lo que yo poseo, sino en lo que soy.

Cuando en Concord, Massachusetts, una bonita población a 30 km de Boston, fue disparada la bala que desencadenó la Revolución americana, se habló de él como del «tiro que se oyó en el mundo entero». Pues bien, una sonrisa apuntando en dirección a cualquier emoción hostil, puede ser la sonrisa que modifique nuestro descolocado mundo interno.

Sonriendo iluminamos el rincón penumbroso en el que, ocasionalmente, las circunstancias nos encierran. Ayuda el pensar que el mundo necesita nuestra sonrisa y que, con ella, será distinto en todo nuestro radio de influencia, si empezamos por iluminar el rincón en el que nos encontramos.

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