Es que me canso 4A  e1589539206919 - Es que me canso

Hay que seguir la lucha
con lo que podamos
hasta que podamos.
-Benito Juárez-

En sus últimos años, don Javier Echevarría, prelado del Opus Dei, andaba ligeramente escorado hacia su izquierda y, cuando llevaba un rato sentado, tendía a poyar su cabeza en la mano izquierda.
Álvaro Sánchez León (En la tierra como en el cielo) nos cuenta esta anécdota.

«El último 26 de junio de su historia en la tierra, el de 2016, el Padre va a estar un rato con sus hijos del Colegio Romano de la Santa Cruz. Es la fiesta litúrgica de san Josemaría. La gente está contenta, y con ganas de ver a don Javier antes de que se despida de Roma. Se acerca el verano. Se acerca el arrivederci. Cuando han llegado a Cavabianca, mientras se baja del coche, don José Andrés le recuerda:

Acuérdese de no apoyar la cabeza en la mano.
 Emocionado, cuenta José Andrés: “su respuesta me dio muchísima pena. Cuando lo cuento me emociono, porque lo dijo con una sencillez que me desarmó completamente:
Es que me canso.
Me di cuenta de que ese gesto no era una manía, sino una prueba casi insuperable de que estaba cansado. Empezó la tertulia. Cabeza de hombre bueno sobre la mano. Se da cuenta. Cambia de posición. Y sigue”».

En una sociedad infectada de buenismo como la nuestra, hemos de tener claro que, si queremos enriquecer nuestra sociedad con nuestra fe, no podemos limitarnos solo a la piedad, sino que hay que practicar el trabajo y el sacrificio. Porque ni el fofo ni el paniaguado influirán seriamente en la sociedad.
Muchos valores son necesarios para que un católico consecuente influya eficazmente en la sociedad, pero quizás ninguno tan importante como la abnegación, la constancia. No se trata tanto de elocuencia, de entendimiento, de sapiencia, cuanto de sufrimiento por Dios, de constancia, de fortaleza.

El poeta Ramón de Campoamor (1817-1901) refleja magistralmente en cuatro versos la condición humana:

Te pintaré en un cantar
la rueda de la existencia:
pecar, hacer penitencia
y luego vuelta a empezar.

Es la condición humana: caer, levantarse, levantarse y caer, una y otra vez, casi indefinidamente. Dicho con una frase que le gustaba repetir al venerable jesuita Tomás Morales (1908-1994): No cansarse nunca de estar empezando siempre. Por eso sería estupendo vivir con la actitud de don Javier Echeverría y, cuando nos animen a corregir nuestras deficiencias, podamos responder: 

─Sí, sí, lo intenté, lo intento y lo intentaré, pero… ¡es que me canso!      

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