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Siempre ha sido así

By marzo 18, 2022 No Comments

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¿Y qué es la rutina sino esa opacidad
del corazón que aniquila toda relevancia?
– Santiago Kovadloff-

Jean de La Bruyère (1645-1696) fue un escritor y moralista francés que se hizo célebre con una sola obra: Les Caracteres ou les Moeurs de ce siècle (1688). En el capítulo V, describe de una forma sarcástica la conducta humana, el peligro de la rutina:

Me dirijo hacia un pueblecillo y estoy ya en una loma desde donde lo columbro. Está situado no lejos; un arroyo lame sus muros y se pierde luego en ambos prados. Hay en los aledaños del caserío un tupido bosque que lo resguarda de los cierzos y vendavales. La atmósfera es tan diáfana que puedo contar las torres y campanarios del pueblo; parece que está pintado en la misma ladera.
 Me entusiasmo y exclamo: ¡Qué placer el vivir bajo un cielo tan bello y en un lugar tan delicioso!
Entro en el pueblo. A los dos días de estar en él ya me parezco a todos los que allí viven: siento deseos de marcharme.

La rutina puede consumir nuestras esperanzas, sueños y ambiciones. La rutina es hacer las mismas cosas cada día, porque eso es lo que siempre has hecho. Es un círculo vicioso de repetir acciones y eventos que te llevan a ninguna parte.

Para la brasileña Martha Medeiros (1961), muere lentamente quien se transforma en esclavo del hábito, repitiendo todos los días los mismos senderos, quien no cambia de rutina, no se arriesga a vestir un nuevo color o no conversa con quien desconoce.

Los mismos senderos, el mismo color, las mismas personas. Es una letanía que vuelve gris la vida e impide la conmoción de la búsqueda, de la novedad, del riesgo.

Esto es un peligro, pero también lo es el opuesto: el frenesí del cambio a toda costa. Son dos extremos de los que debemos huir: cambiar por cambiar o el inmovilismo de la dependencia. Buscar el equilibrio y disfrutar del encuentro entre rostros diferentes sabiendo que una apertura racional, es principio de enriquecimiento interior, es fuente de novedad y es fomento de solidaridad.

Como dijo Gregorio Marañón: Lo mejor del mundo lo han hecho siempre los diletantes, los que hacen las cosas por deleite, por amor y no por obligación o rutina; por eso, abrir puertas y ventanas al genio creador, salir a nuevos horizontes y enriquecernos con la sana pluralidad, son tesoros que podemos abortar con una sola frase: ¡siempre ha sido así!

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