El último magisterio del Papa

Benedicto XVI anunció el 11 de febrero de 2013 su renuncia al ministerio papal, frente al que estaba desde su elección como sucesor de San Pedro el 19 de abril de 2005.

Tras más de siete años como Papa, Benedicto XVI explicó el miércoles 13 de febrero, durante su primera audiencia pública tras anunciar la renuncia, que ha tomado la decisión “con plena libertad, por el bien de la Iglesia”. Además, el Papa ha asegurado que el paso que ha dado se produce “tras haber rezado mucho” y haber examinado “delante de Dios” su conciencia. El Papa agradeció la oración de toda la Iglesia por él y la pidió también para su sucesor.

El siguiente texto presenta uno de los diversos balances sobre el papado de Benedicto XVI. En él se presenta un recorrido desde las palabras que pronunció el Papa inmediatamente después de ser elegido al asomarse al balcón de San Pedro hasta los últimos acontecimientos que han protagonizado la vida de la Iglesia.

Este artículo ofrece un rápido recorrido por el magisterio del Papa a través de sus encíclicas y un análisis de su pensamiento y de su personalidad al recordar cómo abordó debates de gran nivel intelectual y cómo hizo frente a los problemas con los que se ha encontrado la Iglesia en los últimos años.

Este texto fue publicado el 12 de febrero de 2013 en el diario ABC.


Benedicto XVI

En estos años de Pontificado, Benedicto XVI desarboló los tópicos con los que fue recibido, incluso por algunos sectores del catolicismo, como el representante del integrismo católico

El Pontificado de Benedicto XVI finalizará el día 28, tras haber comunicado su renuncia a la sede pontificia. El anuncio ha sido un ejemplo de transparencia y respeto a la institución que encarna el Santo Padre. Sin filtraciones, sin intermediarios ni fríos comunicados de prensa, Benedicto XVI personalmente hizo ayer pública su decisión con la serenidad con la que aceptó el Papado, el 19 de abril de 2005. Entonces se definió a sí mismo como «un simple y humilde trabajador de la viña del Señor». Su edad y la fragilidad de su salud han sido determinantes en un gesto que no se producía desde hace seis siglos. Su renuncia sintetiza mejor que cualquier documento esa humildad que tanto le negaron al principio sus detractores. Tras este último magisterio del Papa, llega el momento del balance. En estos años de Pontificado, Benedicto XVI, sucesor del intenso mandato de Juan Pablo II Magno, desarboló los tópicos con los que fue recibido, incluso por algunos sectores del catolicismo, como el representante del integrismo católico. Pronto se reveló ante el mundo su enorme preparación intelectual y teológica, que décadas antes lo había hecho protagonista del Concilio Vaticano II y que, ya en Roma, conviviría armónicamente con la actitud de un hombre de Dios entregado a la enseñanza, la catequesis y la formación de los fieles.

A partir de la idea de una nueva y revolucionaria evangelización de Occidente, de difundir la Palabra en un mundo tan desarrollado como viciado por el relativismo, Benedicto XVI ha compuesto una obra, de gran hondura y recorrido, que será patrimonio de la Iglesia durante décadas. Su primera encíclica, «Deus caritas est», sorprendió tanto en la forma, porque estaba escrita con una prosa sencilla y transparente; como en el fondo, porque exhibía un profundo conocimiento de la naturaleza humana, a la que proponía una renovación de vida espiritual en un mundo cada día más impermeable a lo transcendente. Luego siguieron otras encíclicas, como «Spe Salvi» y «Caritas in veritatis», así como discursos, exhortaciones y homilías, en los que millones de católicos han encontrado argumentos sólidos. También sus textos impactaron en la opinión de quienes no pertenecen a la Iglesia, como los que pronunció en Westminster, en 2010, o en el Parlamento alemán, en 2011. La comunidad universitaria española recuerda su magistral intervención en El Escorial, con motivo de la JMJ, con un texto insuperable sobre la misión de la Universidad. La polémica de Ratisbona, sobre la imposición forzosa de la fe, puso a prueba la capacidad de la opinión pública mundial para entender que al frente de la Iglesia estaba un Papa dispuesto a no esquivar ninguna controversia. No lo hizo en sus relaciones con el islam, como se demostró en su viaje a Turquía; ni con la Iglesia anglicana, cuando viajó a Inglaterra; ni con los últimos vestigios del comunismo, cuando visitó Cuba. La continua reflexión sobre la relación entre fe y razón será considerada como una de las grandes aportaciones de Benedicto XVI no sólo al magisterio de la Iglesia, sino también a la filosofía.

Benedicto XVI en la JMJ 2011Este no era el Papa que iba a actuar como el «perro guardián de la ortodoxia» y lo demostró con su predisposición al debate y la controversia, que sostuvo antes -con Habermas, por ejemplo- y después -con Küng, entre otros-, de ser entronizado en la sede de Roma. La firme defensa de las enseñanzas de la Iglesia se vistió con unos razonamientos de excelencia lógica y de retórica comprensible como pocas veces se ha visto en la Iglesia Católica. Se prestó al diálogo abierto, expuesto de forma inmejorable en la obra «Luz del mundo», que recoge la entrevista con Seewald. Benedicto XVI venció los prejuicios sobre su persona y acabará su Pontificado con un balance que los católicos saben reconocer como el de un buen pastor que, además, tuvo que hacer frente a la mayor crisis de la Iglesia en su historia reciente, por los abusos sexuales a menores cometidos por sacerdotes y encubiertos en ocasiones por sus obispos. Benedicto XVI nunca rebajó la repugnancia de estos crímenes, condenó a sus autores, pidió a las víctimas perdón e impuso a las diócesis concernidas la máxima colaboración con las autoridades civiles.

España ocupará un lugar especial en el Papado de Benedicto XVI, con la JMJ 2011, celebrada en Madrid, como un hito histórico de la Iglesia en nuestro país y en Europa. Cientos de miles de jóvenes de todo el mundo respondieron al llamamiento de un Papa ya anciano, atacado por el progresismo, mal defendido por sectores claudicantes del catolicismo, pero lleno del carisma suficiente para hacer de aquella convocatoria universal un antes y un después en la imagen y el mensaje de la Iglesia Católica.

Ahora se abre un periodo de incertidumbre para la comunidad católica, conmocionada por la decisión de Benedicto XVI de retirarse a rezar. El cónclave que se celebrará en marzo elegirá a la más importante magistratura espiritual del mundo y la Iglesia continuará y permanecerá en la misión pastoral para la que fue fundada hace más de dos mil años.

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