A ROSA REGÁS: LO QUE TENEMOS QUE APRENDER DE LOS “MONSTRUOS”

El pasado 30 de julio la escritora Rosa Regás llamaba “monstruos” a los bebés con malformaciones. Lo hacía en un artículo que publicó en El Mundo en el que criticaba la reforma de la ley del aborto anunciada por el ministro de Justicia, Alberto Ruiz-Gallardón.

Ante este artículo, Carlos Veci, estudiante de Historia y Periodismo, escribe una respuesta a Regás partiendo de la propia experiencia. En el siguiente texto Veci expone su visión de los discapacitados como hermano de María, que es autista.

El autor asegura que “con sus palabras Rosa Regás tira por los suelos la abnegada labor de los profesores de niños discapacitados” y critica la incoherencia entre aquellos que defienden el aborto y, a su vez, colaboran con organizaciones que ayudan a discapacitados.

Pero Carlos Veci no se queda en la crítica fácil sino que analiza por qué hay personas como Rosa Regás que defienden abiertamente el aborto. Según él, es fruto del miedo: “Temen que la sociedad, al ver el sufrimiento de los discapacitados, sea capaz de ver más allá de la superficie y entienda lo que trasciende a todo ello”.

 

 

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Los autistas tienen problemas en capacidades claves como la comunicación y la relación con otras personas, y además suelen realizar actividades muy repetitivas que a veces incomodan a los demás. De esta forma, los niños autistas tienen más dificultades para desarrollarse que el resto de chicos de su edad y tienen problemas de integración.

María es una chica autista de 15 años que durante el curso acude a un colegio de educación especial. Allí está adquiriendo ciertas destrezas y aprende contenidos que en un colegio normal no le pueden enseñar. A veces progresa a pasos agigantados pero lo habitual es que el avance sea demasiado lento. Uno de los objetivos a largo plazo es que el día de mañana desempeñe una actividad profesional y esté integrada en la sociedad.

 

Sin embargo, a veces ocurren verdaderos milagros. Muchos médicos dudaron de que María pudiera andar con normalidad, practicar un deporte o que pudiera comunicarse con su familia. Ahora María anda, aprende a andar en bicicleta y poco a poco está adquiriendo verdadera agilidad en el habla. Ha pasado de usar sólo palabras claves para pedir pequeñas cosas a utilizar frases complejas e ir expresando poco a poco sus sentimientos. Toda una satisfacción para los profesores y su familia.

También conozco casos como los de Alejandro, Isabel, Juan, Miguel, etc. Ellos son compañeros de mi hermana María. Las dificultades que sobrellevan mi hermana María y sus amigos no son obstáculo para que se puedan sentir realizados o puedan ser felices.
Quizá algunos lectores ignoren que la escritora Rosa Regás se ha permitido el lujo de calificar de “monstruos” a los discapacitados. Lo ha hecho por escrito y en la web de El Mundo.

Si el autismo pudiera detectarse durante el embarazo, sé perfectamente que algunos niños con la enfermedad de mi hermana no habrían podido vivir. Una verdadera desgracia, y todo ello gracias a Rosa Regás y a personas que, como ella, defienden el aborto.

Con sus palabras Rosa Regás tira por los suelos la abnegada labor de los profesores de niños discapacitados, la de cientos de familias que luchan por la integración de sus hijos y el denodado esfuerzo de quienes reivindican la dignidad de las personas con problemas. De todas formas, no pasa nada. Regás donará una centésima parte de su sueldo a alguna organización de discapacitados y se quedará tan ancha, pensando que es un alma caritativa.

Las escalofriantes palabras de Regás sólo encajan en una ideología como la suya. Debajo de sus presupuestos intelectuales subyace el miedo. Porque Regás y los suyos tienen miedo. Temen que la sociedad, al ver el sufrimiento de los discapacitados, sea capaz de ver más allá de la superficie y entienda lo que trasciende a todo ello. Temen que muchos otros intenten emular el valiente esfuerzo de los discapacitados que cada día dan un paso hacia delante labrándose un futuro mejor. Temen que los demás intentemos imitar su esfuerzo. Por eso dejan que la sombra cubra la luz que representan los discapacitados en nuestra sociedad que parece desdeñar el sacrificio.

Si Rosa Regás se piensa que hablando desde esa tribuna que tiene es intocable, está muy equivocada. Puedo tolerar muchos insultos, aguantarlos estoicamente, pero llega un momento en que me canso. Ella se lo buscó. Cuando escribió el artículito no conocía bien a los familiares de discapacitados. Ahora nos conoce muy bien, a alguno con nombres y apellidos, porque hemos sido incapaces de quedarnos callados. Aun así, la verdadera respuesta al artículo de Regás se encuentra en los discapacitados que sobrevivieron a la tiranía del aborto y cada día salen a flote con una nueva historia de superación.

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